La villa ceense, situada en la cabecera de la ría de Corcubión, tiene una larga historia que comienza en el siglo XII, cuando el arzobispo Diego Xelmírez le concede al arcediano de Trastámara la administración de un señorío en el que se incluía la parroquia de Santa María de A Xunqueira. Luego se convirtió en cabeza de una pequeña jurisdicción bajo la autoridad del citado arcediano, independiente de la de Corcubión. Hacia mediados del siglo XVIII llegaron a este puerto los fomentadores catalanes y cambiaron el sistema de pesca, lo que provocó un conflicto con los colectivos de mareantes locales. En siguiente siglo los ceenses sufrieron los ataques de las tropas francesas de abril de 1809, que asolaron la localidad y destruyeron la iglesia parroquial de Santa María de A Xunqueira.
Pero si en los primeros años de su historia, Cee, como el resto de las villas costeras de A Costa da Morte, tuvo como actividad económica primordial la pesca y el comercio marítimo, la instalación de la fábrica de Carburos de Brens a comienzos del siglo XX y la factoría ballenera de Caneliñas, fundada en 1924, convirtieron a esta villa en la primera localidad industrial de este territorio occidental de Galicia. La primera de ellas aprovechaba la energía eléctrica procedente de la central hidroeléctrica de O Ézaro y llegó a dar trabajo a unos 200 operarios.
En la actualidad, Cee se convirtió en el centro económico y de servicios más importante de la zona sur de A Costa da Morte, sobre todo a partir de la instalación del Hospital Comarcal Virxe da Xunqueira.
El visitante o el peregrino, ya que por esta localidad cruza el camino jacobeo de Santiago a Fisterra, tiene varios motivos para hacer una parada en Cee, pues conserva un interesante patrimonio histórico, arquitectónico y cultural.
La ruta urbana por la villa podría comenzar en la iglesia de Santa María de A Xunqueira, una construcción de origen gótico, reformada en años posteriores. Del medievo conserva su ábside. El resto del templo corresponde a las obras realizadas entre el siglo XVII y comienzos del XX. En su interior acoge la imagen de la Virgen de A Xunqueira, denominada así porque la leyenda cuenta que apareció en la ribera, en medio de unos juncos.
Muy cerca de la iglesia se encuentra la plaza de la Constitución. A su entrada se sitúa el interesante museo de la Fundación Fernando Blanco. En su interior acoge una amplia representación del instrumental científico y material didáctico con el que fue dotado el centro educativo creado por ese bienhechor y los fondos pictóricos de la Fundación. En esta misma plaza también hay interesantes casas construidas por la burguesía local.
A continuación conviene introducirse en las calles del casco histórico y ver la plaza de la fuente Penín, en la que se encuentra el pazo do Cotón, una casa hidalga del siglo XVIII, en la que se aprecia el estilo barroco en el escudo, en la puerta o en las balaustradas.
Digno de visitar también es el edificio de la Fundación Fernando Blanco, situado en la parte alta, construido con los recursos económicos donados por este filántropo, que hizo fortuna en Cuba. También es interesante el jardín que lo rodea por la variedad de plantas que acoge.
Otro importante hijo ilustre de esta villa fue el arquitecto y escultor Domingo Antonio de Andrade (1639-1712), uno de los principales artistas del barroco gallego. Maestro de obras de la catedral de Santiago y autor de la torre del Reloj de ese mismo templo. Trabajó también en la catedral de Lugo y en el convento de Santo Domingo de Bonaval.