Cualquier viajero que desee conocer la villa de Caión, primero tendría que observar su situación a lo lejos, desde uno de los miradores que hay antes de entrar en el núcleo. La mejor vista panorámica la tenemos desde uno que hay en la carretera DP-1909, a la altura de Goxán.
Muy valientes fueron aquellos primeros habitantes que decidieron asentarse en esta pequeña península en la que el mar abierto bate con toda la energía. Una de las primeras noticias que disponemos de este puerto nos habla de la caza de la ballena, información que nos transmite el Licenciado Molina a mediados del siglo XVI cuando se refiere a él y al de Malpica: “en los que principalmente más que en otros del reino, mueren muchas ballenas y la causa por que más que aquí que en otras partes haya, es porque estos puertos siempre son más bravos”.
En esta pequeña villa marinera se instalará una rama de la familia noble de los Bermúdez de Castro. Uno de sus miembros, Francisco Bermúdez de Castro, fundó en la localidad el convento de los Padres Agustinos, al que le concedió importantes privilegios. Estos religiosos se encargarán también de regir la parroquia, bajo la nueva advocación de la Virgen del Perpetuo Socorro.
Los habitantes de Caión tuvieron siempre como actividad económica principal la pesca, primero la de la ballena y a partir del siglo XVIII, la de la sardina, congrio y merluza. Actualmente el turismo se convirtió en el principal recurso de esta localidad, atraído por la excelente situación y magnífica playa.
Este núcleo en la segunda mitad del siglo XX experimentó una honda transformación urbanística que supuso la sustitución de las antiguas casas marineras por edificios de nueva construcción. En el centro de la villa aún se conservan algunas edificaciones tradicionales que nos permiten imaginar cómo era aquel Caión histórico.
Esta villa marinera le ofrece al viajero varios atractivos que no debería dejar de visitar. En primer lugar la plaza de Eduardo Vila Fano, considerada como el centro urbano. En ella se sitúan los dos edificios históricos más emblemáticos: el pazo de los condes de Graxal y la iglesia parroquial de Santa María del Perpetuo Socorro. El primero de ellos es un edificio alargado que ocupa la parte oeste de aquel espacio. La iglesia fue el antiguo templo del convento de los agustinos y sustituyó a la anterior parroquial, situada donde actualmente se localiza la capilla de los Milagros. Su mayor interés arquitectónico lo representa la portada renacentista del muro norte, que da a la plaza. Arrimada a la parte sur de la cabecera de la iglesia se sitúa el edificio del antiguo convento. En la fachada se muestran dos escudos, en el de la izquierda se representa una torre y la siguiente inscripción: Malo mori quam foedari (Prefiero morir antes que mancharme). En el de la derecha aparecen los símbolos de los Bermúdez y de los Castro.
Muy cerca de la plaza, se encuentra el edificio de la cofradía de pescadores que acoge los fondos del archivo de pesca y una exposición permanente sobre la cultura marinera de esta villa.
Resulta interesante acercarse al santuario de la Virgen de los Milagros, situado a unos dos kilómetros de la localidad, siguiendo la carretera hacia Carballo. El templo actual, de formas barrocas, data de 1836. Alrededor de él se celebra una popular romería el 8 de septiembre.