Cuando visitamos una zona a veces no nos detenemos en ciertos sitios porque no los consideramos de interés o porque carecemos de información sobre ellos. Con el lugar de Cereixo suele suceder algo de esto. Cereixo acoge un extraordinario patrimonio histórico y arquitectónico, al que no siempre se le otorga el valor que merece. Además de la iglesia parroquial, las torres y el molino de mareas, el núcleo forma un atractivo conjunto arquitectónico y dispone de un entorno tan acogedor que resulta difícil encontrar otro igual en A Costa da Morte.
El edificio histórico de mayor realce lo constituye la iglesia parroquial de Santiago de Cereixo, un pequeño templo románico que conserva en buen estado toda su fábrica original. Consta de nave y ábside rectangulares. A esta se accede por medio de un arco triunfal de medio punto que se apoya en semicolumnas con capiteles adornados con hojas de acanto.
En el exterior encontramos el elemento más singular, su puerta sur, elaborada con maestría al más puro estilo románico. En el tímpano se representa un tema único en el románico gallego: la traslación del cuerpo del Apóstol Santiago en una embarcación, al que acompañan siete de sus discípulos. El gran mérito de esta imagen pétrea lo representa la singularidad del tema de la Translatio.
Se dirigimos la mirada hacia el oeste, veremos en la parte alta el edificio de las torres de Cereixo, en la realidad se trata de un pazo del siglo XVII con aspecto de fortaleza, aunque en su solar existió anteriormente una construcción defensiva. Los primitivos fundadores de esta casa procedían de la nobleza local de los Calo y Carantoña, que más tarde emparentarán con estirpes de más alto rango, como los Castro Villamarín o los Lanzós Novoa, Condes de Maceda, bienhechores del santuario de Nuestra Señora de la Barca de Muxía. Después de pasar el edificio por varios propietarios, y permanecer en estado de abandono, fue restaurado por los actuales dueños y convertido en vivienda particular.
Si descendemos desde la iglesia al paseo del río y continuamos por él llegamos al molino da Arcea o das Torres, única construcción de este tipo que funcionaba con el agua de las mareas en A Costa da Morte. El origen de esta construcción se remonta al año 1647 cuando Juan Taboada Ribadeneira, señor de las torres de Cereixo, le concede un foro a los hermanos Andrés y Pedro Espasante parar levantar este molino y a cambio recibir el pago de una renta anual. Después de pasar por varios arrendadores y propietarios, uno de estos últimos lo rehabilitó como vivienda particular.
En la plaza de Cereixo no pasará desapercibido para el viajero el centenario roble, que con su inmensa copa, da sombra a la superficie de este lugar. Un verdadero monumento natural digno de admirar.