La villa de Buño es conocida en toda Galicia por su tradición alfarera. La práctica de esta actividad por parte de los buñeses podría remontarse a tiempos prehistóricos, cuando los primeros pobladores que se asentaron en las cercanías de O Couto dos Barreiros descubrieron la abundancia de arcilla que les permitía elaborar útiles cerámicos.
Pobladores de los castros próximos seguramente utilizarían la materia prima de este lugar para fabricar utensilios domésticos, y una vez que abandonaron estos recintos, algunos pudieron ser los fundadores del primitivo núcleo de Buño al pie de O Couto dos Barreiros, donde actualmente se sitúa O Cruceiro das Cabras y nació la parroquia de San Esteban.
Más tarde, la población buñesa se trasladó a un emplazamiento más alto y soleado, donde estaba la ermita y hospital de Santa Catalina, constituyendo el núcleo del actual Buño. Sus habitantes seguirán practicando el oficio de la alfarería, que aparece documentado por primera vez en la segunda mitad del siglo XVI.
Con el paso de los años el número de alfareros aumentó, al mismo tiempo que creció la población de la localidad. A mediados del siglo XVIII ejercían este oficio unos 77 olleros en 63 talleres, cuando la población de Buño se acercaba a 500 habitantes. La alfarería se mantendrá en auge en el siglo siguiente y hasta mediados del siglo XX, que será cuando comience a esmorecer tras la llegada al mercado de útiles domésticos industriales.
La producción alfarera de los artesanos buñeses tradicionalmente se comercializaba en ferias y mercados de la comarca y de Galicia, distribuida por arrieros de A Terra do Xallas, los denominados xalleiros. También hay constancia de la exportación de alfarería buñesa a través del mar. El padre Sarmiento recoge que navegantes de A Moureira (Pontevedra), venían a comprar ollas a Buño, que embarcaban en el puerto de Ponteceso.
Las piezas, una vez elaboradas en el torno, se cocían en los hornos comunales que había en los distintos barrios del núcleo. Un trabajo comunitario que era necesario preparar con mucho acierto para que la hornada no se arruinara.
Los cambios sociales y económicos producidos en los últimos tiempos obligaron a los olleros a elaborar nuevos diseños y formatos, dirigidos más a una finalidad decorativa que funcional y a organizarse bajo la Asociación Oleira de Buño, encargada de defender esta profesión y programar A Mostra de Olería que se celebra en esta villa la primera quincena de agosto desde el año 1983. En ella el visitante tiene la oportunidad de ver una amplia exposición de cerámica buñesa y asistir a un variado programa de actividades culturales asociadas a este evento. Durante el resto del año se puede visitar el conjunto etnográfico de O Forno do Forte, rehabilitado como museo por la Diputación de A Coruña y conocer cómo era la vida de los alfareros en los años cincuenta del pasado siglo.