La naturaleza regaló a San Paio de Entrecruces una obra tan extraordinaria capaz de conmover a cada uno de los visitantes que se acerque al mágico lugar de A Férveda. Una explosión de colorido, sonidos e imágenes que penetran a través de los sentidos y que no dejan impasible al caminante que contemple semejante espectáculo.
Para llegar a ese sensacional lugar cogemos la carretera que de Carballo se dirige a Santiago. Al pasar Entrecruces, tomamos una desviación a la izquierda hacia San Paio que nos lleva hasta la capilla dedicada a este santo. Ahora ya a pie, seguimos de frente por el medio de la aldea hasta coger un camino a la derecha que bordea el río Outón, y después de recorrer unos 500 m, nos conduce a la cascada.
Al inicio de la ruta el sonido del agua del rio, junto con el bosque de ribera que lo acompaña, nos va introduciendo en un ambiente que nos prepara para el cúmulo de emociones que nos esperan al final del trayecto.
La humanización del paisaje se manifiesta en los molinos de agua rehabilitados por los que pasamos y en los restos de la construcción, situada a mano derecha, que corresponden a la antigua central hidroeléctrica instalada hacia el año 1915, que proporcionó la primera energía eléctrica a la villa de Carballo. A las afueras aún se visualizan algunos trozos de la tubería por la que bajaba el agua desde la pequeña presa que había antes de la cascada.
A partir de aquí, si el río lleva un caudal abundante, comenzamos a escuchar de fondo el ruido del agua de A Férveda, que va en aumento según nos vamos acercando a la cascada, pero aun no la alcanzamos con la vista hasta llegar a pocos metros de ella. Parece que desea transmitir primero su presencia sonora que visual, con la intencionalidad de sorprender y causar un mayor impacto al intruso que se aproxima a su espacio vital.
Cuando nos situamos delante de este fascinante marco natural quedamos absortos por la variedad de formas y sonidos que percibimos y notamos como la fuerza de la naturaleza nos invade delante de tanta belleza, y que tan bien supo expresar con la palabra el cura humanista Xosé Pumar Gándara: “A Férveda es un espectáculo permanente y variado, tiene todos los compases y aires (…). Tiene su minueto en la escasez del agua, su adagio en primavera, su forte tutti en la invernada, cuando crecidas y escorrentías desbordan caminos y fincas”.
El origen de esta cascada está relacionado con la Depresión Meridiana, formada por un conjunto de fallas que se extienden desde Carballo hasta Tui, dando lugar a la existencia de aguas termales como las sulfurosas de la capital bergantiñana. En esta zona, el bloque erguido se corresponde con las tierras que el vecindario denomina A Alta y el bloque fundido con el valle, denominado A Baixa. A Férveda representa el desnivel de unos 40 m de altura que tiene que salvar el río Outón desde la meseta al valle.
De vuelta de A Férveda tenemos la oportunidad de visitar también A Férveda de Rus, desviándonos a la derecha en el cruce de A Canosa y siguiendo la carretera unos 2 km. Esta cascada es más humilde que la de San Paio, pero bien hermosa. Un poco antes de llegar a ella, pasamos por la iglesia parroquial de Santa María de Rus, esplendoroso templo, conocido como la pequeña catedral de Bergantiños. Una obra que se realizó en varias intervenciones desde finales del siglo XVII hasta el siglo XIX.