Cualquier viajero que llegue al cabo Fisterra y se ponga a contemplar el mar sin saber que más allá se encuentra el continente americano, experimentará la misma sensación que tuvieron muchos otros caminantes siglos atrás al encontrarse en el fin de la Tierra. Esta misma impresión también se podría experimentar en otras puntas de Galicia, como en el cabo Touriñán, muy cerca de Fisterra, no obstante, alguna causa habría para que aquellos antepasados le atribuyeran esa denominación a esta punta fisterrana. ¿Sería porque el cabo Fisterra presenta una costa agreste y peligrosa en la parte norte, pero en el lado sur, donde se sitúa la villa reúne excelentes condiciones para el asentamiento de población, algo que no ocurre, por ejemplo, en el cabo Touriñán?
La península que forma el cabo Fisterra penetra en el mar unos tres kilómetros y muestra dos caras muy diferentes: la norte, agreste y acantilada, bañada por un mar bravo, el denominado Mar de Fóra y la cara sur, de costa más baja y protegida, con formaciones arenosas que actuaron como puertos naturales en tiempos pasados.
Los autores clásicos en sus obras hacen referencia a estas tierras fisterranas, habitadas por los nerios. El cabo Fisterra podría corresponderse con el promontorio Nerio o Céltico, según estas fuentes. En la Edad Media, Fisterra se relaciona con la ruta jacobea a través de la leyenda que relata el traslado de los restos del Apóstol Santiago a Galicia recogida en el Códice Calixtino, en la que se hace referencia a la ciudad legendaria de Duio.
En el extremo sur del cabo Fisterra se sitúa el faro, una construcción proyectada por el ingeniero Félix de Uhagón, que entró en funcionamiento en 1853. Consta de un edificio de planta rectangular de dos alturas, con una más en la parte central, de paredes enfoscadas y pintadas de blanco, excepto los rebordes de las aberturas y de los extremos, que presentan cantería a la vista. En la parte posterior se levantó la torre de planta octogonal, sobre la que se asentó la linterna. Su luz se proyecta a una distancia de 31 millas. Algo más al sur se construyó el edificio de la sirena (1889), del que sobresalen dos caracolas que emitían estruendosos sonidos cuando había niebla. Popularmente se conocía como la Vaca de Fisterra.
Al norte del faro, se sitúa el edifico del Semáforo, que funcionó como estación de emisiones de señales marítimas y entró en funcionamiento en 1883. Después de ser rehabilitado por el arquitecto César Portela, se dedicó a la hostelería.
En esta península del cabo Fisterra, llena de historia y leyendas, hay dos lugares más de interés para al visitante: el monte Facho y las ruinas de la capilla de San Guillermo. Para acceder a la cumbre del monte Facho tenemos que coger una pista asfaltada que sale a la derecha, antes de llegar al faro. Este monte se denomina así por las hogueras o fachos que antiguamente se prendían para alertar de la llegada de embarcaciones sospechosas de piratería. En su cumbre se localizaría la enigmática tumba de Orcavella, que pudo ser un antiguo dolmen, que dio origen a la leyenda de esta mítica mujer centenaria y se sitúan las Pedras Santas, dos peñas redondeadas, en las que se dice que descansó la Virgen.
En la bajada del monte, sale una pista a la izquierda que conduce a las ruinas de la capilla de San Guillermo. Desde este lugar disfrutaremos de impresionantes panorámicas sobre Fisterra y su entorno. No existen datos de la fundación de esta ermita, pero hay noticias de que durante la Edad Media era un importante lugar de peregrinación.