En un tiempo en el que ningún núcleo costero del entorno disponía de luz eléctrica, el resplandor de la luz del faro Vilán producía en la gente de la zona un impacto extraordinario. El potente lampo que emitía hasta le llamó la atención al escritor baiés Enrique Labarta Pose, que lo recogió en uno de sus cuentos, a comienzos del siglo XX.
Debido al peligro de este tramo de costa en el que abundan los bajos y pronunciados acantilados, donde se produjeron numerosos naufragios, el cabo Vilán fue uno de los lugares en los que se instaló uno de los tres primeros faros construidos en A Costa da Morte, junto con los de las islas Sisargas y Fisterra.
En el año 1854 se construyó el faro antiguo, obra mal proyectada tanto por su inadecuada situación como por la escasa potencia de luz. Por eso, pocos años después, hubo que construir un nuevo faro en una elevación más al norte y de mayor altura, con más potencia luminosa, como fue el nuevo Vilán. Un proyecto de los ingenieros Francisco Lizárraga y Adolfo Pequeño, que entró en funcionamiento en 1896.
La torre, de sección octogonal, construida con piezas de granito rosa procedentes de la cantera de Pena Maior, junto con la linterna, alcanza una altura del suelo de 24 m y 104 con respeto al mar. Por falta de superficie alrededor de la torre, hubo que construir el edificio de viviendas para los torreros y la sala de máquinas en una explanada inferior.
Fue, este nuevo Vilán, el primer faro de España en utilizar la energía eléctrica que producían dos máquinas de vapor. Tras la llegada de corriente por cable en 1924, se derribó la nave de máquinas y en su lugar quedó la explanada que actualmente hay delante del edificio de viviendas.
Con el paso del tiempo se le fueron incorporando al faro nuevos servicios, como el radiofaro (1922) que transmitía una señal en código morse igual que la luminosa o la instalación de la sirena y una nueva óptica y linterna (1962). Con algunas de las máquinas o mecanismos que se retiraron en varias reformas, se creó en el bajo del edificio un pequeño museo abierto al público. En una colina que hay al sur de la explanada aún se conserva parte de la torre del primitivo faro Vilán. Desde este lugar tenemos una magnífica panorámica del nuevo faro y de toda esta zona costera.
A la vuelta de cabo Vilán es muy recomendable tomar la pista de tierra que lleva al Cementerio de los Ingleses, que nos ofrece inmejorables vistas sobre el cabo y el faro, en uno de los tramos costeros más hermosos del litoral gallego. El camposanto se construyó para dar sepultura a los cuerpos que el mar arrastró a la costa, del naufragio del buque inglés The Serpent, que batió contra los acantilados de la punta de O Boi el 10 de noviembre de 1890 y en el que perdieron la vida 173 tripulantes de los 176 que llevaba a bordo.