El río Xallas, que lleva el nombre de la comarca que atraviesa, tiene sus primeras fuentes en la ladera occidental del monte Castelo. Discurre por una morfología aplanada de entre 300 y 400 m de altitud en la mayoría de su curso, hasta pasado el embalse de A Fervenza. A partir de aquí, circula por un terreno más movido y va encajado, con aguas embalsadas desde Ponte Olveira hasta Santa Uxía. Desde esta última presa hasta la desembocadura la pendiente se acentúa y la velocidad de las aguas aumenta, formando rápidos y pequeñas cascadas, hasta precipitarse por una rampa granítica casi vertical de más de cuarenta metros de altura, dando lugar a la espectacular cascada de O Ézaro, conocida también como O Cadoiro. Un acontecimiento natural único, pues ningún otro río de Europa, con un caudal semejante, desemboca en una cascada como esta y en un entorno tan singular, como es el del mítico monte Pindo.
El padre Sarmiento, en su viaje por Galicia de 1745, cruzó este río utilizando la Barca dos Curas, embarcación que unía las parroquias de Santa Uxía y Arcos, pues en esta zona no existía ningún puente. Dice que por aquí el río Ézaro, “viene muy despeñado y es el que va despeñar a poco más de media legua en el mar”, y añade: “No pude acercarme a ver cómo se despeña, pero pasé muy cerca del sitio, y me informé, que cae, no haciendo salto o catarata, sino precipitándose y haciendo cascada y haciendo un pozo de inmensa profundidad, y peligroso, y levantando como un monte de espuma y polvo, pues O Ézaro lleva muchísima agua”.
Otero Pedrayo también hace referencia a esta extraordinaria cascada y nos deja estas palabras: “Entre los dos [monte Ézaro y Pindo] se echa en cascada el río Xallas. La técnica de la energía hidroeléctrica tiene restado no poco la belleza de esta limpia y sonante catarata. El río entero se echa por una limpia tabla de losa”.
Actualmente tan sólo podemos disfrutar plenamente de este espectáculo natural algunos días, en época de mucha lluvia, cuando se abren las compuertas del embalse de Santa Uxía. El resto del año se percibe una cascada con el caudal ecológico que por ley le corresponde, que puede aumentar en ciertos días, a determinadas horas, si Xeal, la empresa propietaria de los embalses y centrales hidroeléctricos, permite un mayor caudal de agua.
Hay varias leyendas relacionadas con esta cascada y el pozo de O Cadoiro. En las rocas por donde asciende el vapor de agua tras la espectacular caída, hay una cueva con una entrada rectangular, que le llaman la Ventana de las Brujas, de la que se contaba que daba acceso a un pasillo que conducía a debajo de la cascada y en una lujosa estancia habitaba una princesa encantada. Aquel que se atreviera a desencantarla tendría que superar varias pruebas y, de conseguirlo, casaría con ella.
Desde el aparcamiento que hay para visitar la cascada, sale una carretera muy pendiente que sube al mirador de O Ézaro, situado sobre una plataforma. Desde este lugar disfrutaremos de impresionantes vistas sobre la desembocadura de O Xallas, el monte Pindo y parte de la ría de Corcubión.