Monte Branco, monte Branco
cando te vexo de lonxe
verto a soas triste planto.
E. Pondal
El poeta Eduardo Pondal (1835-1917) desde su casa de Ponteceso, a orilla del río Anllóns, contemplaba a lo lejos este monte cubierto por un manto blanco de arena, procedente de las dunas de A Barra, que los vientos del sur y suroeste esparcían por sus laderas.
A lo largo del litoral de A Costa da Morte tenemos atalayas o miradores naturales que nos ofrecen extraordinarias panorámicas sobre el paisaje costero. Monte Branco reúne magníficas condiciones para este cometido, tanto por su estratégica situación como por la fácil accesibilidad para acercarse a su cumbre. Monte de escasa altitud (182 m), pero con óptima localización para disfrutar de la mejor panorámica de la desembocadura de O Anllóns y de la ría de Corme y Laxe.
Se miramos hacia la izquierda, contemplamos los meandros que traza el río en su último tramo, la villa de Ponteceso y el valle que la rodea y la ensenada de A Insua. Por la banda izquierda de la ensenada se extienden las tierras de la parroquia de Cesullas, en las que destaca el núcleo de Neaño.
Se dirigimos la mirada al frente, vemos en la cercanía la lengua de arena o barra, que se formó entre el estuario del río y las aguas del mar, y más a lo lejos, las tierras de la parroquia cabanesa de Canduas, que ascienden hacia el pico del monte Castelo de Lourido, vértice que destaca en el horizonte. A nuestra derecha, en primero plano, contemplamos la playa de Balarés y el extenso pinar que la rodea, y mirando más al fondo, las aguas tranquilas de la ría de Corme y Laxe.
Dejamos el monte Branco y al llegar al cruce, cogemos a la izquierda en dirección a la playa de Balarés. En este lugar hubo un pequeño núcleo habitado y una capilla, la de Santa Mariña, citada por Jerónimo del Hoyo a comienzos del siglo XVII. Luego se arruinó, y a finales del siglo XIX, se construyó una nueva dedicada a esa santa en la villa de Ponteceso. Entre los años 1936 y 1962 en este mismo espacio existió una explotación minera de titanio, y para dar salida al mineral, se construyó el pequeño muelle que aún se conserva. El resto de las instalaciones mineras desaparecieron, y después de cerrada la mina, adquirió los terrenos la Diputación de A Coruña y los convirtió en el área recreativa actual.