A lo largo del litoral de A Costa da Morte nos encontramos con espacios de una enorme riqueza paisajística y ambiental, verdaderos refugios naturales de diversidad de fauna y flora. El sitio formado por la laguna, dunas y playa de Traba de Laxe representa uno de estos lugares que atesora un gran valor ecológico, una extraordinaria obra que la naturaleza fue elaborando durante miles de años y que tenemos la oportunidad de disfrutar de ella cada día.
Todos los espacios costeros constituidos por playa, dunas y laguna tienen un origen semejante. A partir de un entrante profundo en la costa, en el que desemboca algún riachuelo, los sedimentos aportados por este, junto con la acción de las corrientes marinas, acabarán formando una playa en flecha, que cerrará total o parcialmente la salida de las aguas fluviales, dando lugar a una laguna costera. Esto fue lo que sucedió en Traba de Laxe, en Baldaio, en Louro y en otras muchas partes de la costa gallega.
La llegada de sedimentos arrastrados por las aguas fluviales irán colmatando las orillas de esa masa de agua y disminuyendo su profundidad, potenciando el crecimiento de vegetación en sus márgenes. Esa vegetación que crece en el perímetro de la laguna acelerará el proceso de sequía hasta llegar a la desaparición de la zona hídrica.
El conjunto natural de Traba acoge una variada y abundante vegetación y fauna. En las tierras que circundan la laguna crecen juncos, espadañas y otro tipo de plantas que se fueron adaptando a medios diferentes como las dunas o los prados. En las aguas de la laguna viven distintas clases de anátidas. En la playa, dunas y prados tienen su hábitat otra gran variedad de aves.
Asociada a las lagunas costeras se creó la leyenda de la ciudad mítica anegada. La de la laguna de Traba cuenta que un día el Apóstol Santiago (patrón de la parroquia) llegó a la villa de Valverde pidiendo posada y, después de llamar en todas las casas, ningún vecino se la quiso dar, tan sólo una anciana le ofreció hospitalidad. Al día siguiente, el Apóstol y esta mujer caritativa subieron a los penedos de A Moa y cuando llegaron arriba miraron hacia atrás y vieron como la villa desaparecía bajo las aguas de la laguna.
Desde las cercanías de la laguna, mirando hacia el sur, tenemos una magnífica panorámica de los penedos de Traba, un conjunto de crestas graníticas, que emerge sobre los montes que circundan este valle. Entre todas esas elevaciones destacan A torre da Moa, una cumbre rematada en una enorme peña redondeada, y más al fondo, A Galla da Pena Forcada.
En esta visita al valle de Traba conviene también realizar una parada en la iglesia parroquial de Santiago, un templo que conserva su estructura románica, y que luce una magnífica fachada-retablo barroca de comienzos del siglo XVIII, que preside su patrón montado a caballo.