No existe ninguna otra construcción que identifique el paisaje gallego como el hórreo. Tan pronto como pasamos por un núcleo de población y vemos una edificación de estas características, enseguida nos enteramos que estamos en el noroeste peninsular.
A lo largo del territorio gallego hay una gran variedad de formas y tipologías de hórreos debido sobre todo a la clase de materiales constructivos de cada zona. A veces el hórreo constituía el símbolo y orgullo de la familia labradora, por eso se cuidaba su construcción y se le incorporaban elementos decorativos.
En la parte más occidental de Galicia, en la que se sitúa A Costa da Morte, se da una tipología de hórreo que se extiende desde el río Anllóns hasta la península de O Barbanza. Se denomina hórreo atlántico o fisterrán. Conserva unas características comunes que lo diferencian de otras tipologías del resto del país: la totalidad de la construcción es de piedra, su planta tiene forma rectangular, sostenida sobre pies troncocónicos, cilíndricos o prismáticos y capa circulares, y con aberturas de ventilación por los cuatro lados.
En esta región atlántica de A Costa da Morte disponemos de hórreos que por sus dimensiones o belleza arquitectónica despiertan la atención de los visitantes. El más conocido y visitado es el hórreo de Santa Comba de Carnota, el tercero más largo de Galicia después del de Araño (Rianxo) y de su vecino de Lira, pero el de Carnota es el más artístico, por tal motivo, fue declarado Monumento Nacional.
Consta de 22 pares de pies y mide 34,76 m de largo y 1,90 m de ancho. El arquitecto que lo diseñó, Gregorio Quintela, consciente del valor de la obra que edificó, quiso dejar inscrito su nombre en el lintel de la primera de las puertas; la fecha de construcción (1768), en el de la segunda, y la de la ampliación (1783), en el de la tercera abertura.
Su cámara está construida con piezas de cantería muy regulares, con las correspondientes aberturas para la ventilación. Las tres puertas se sitúan en el costal del suroeste y la cubierta se dispone a dos aguas con teja curva. En los resaltes es donde se muestran los elementos decorativos de estilo barroco: sobrecubiertas finalizadas en curva, dos pináculos en los extremos y una cruz en el vértice. Los pies sobre los que se asienta la construcción son de forma prismática y las capas o tornarratos, circulares.
Este artístico hórreo forma un hermoso conjunto arquitectónico con la casa rectoral y el palomar. Al norte de él se sitúa la iglesia parroquial de Santa Comba, un edificio barroco, con planta de cruz latina, distribuida en tres naves. Data del año 1755 y en su interior conserva un interesante retablo mayor de estilo neoclásico, obra del escultor José Ferreiro.
En la vecina parroquia de Santa María de Lira hay también un hórreo de grandes dimensiones, diseñado por el mismo arquitecto que el de Carnota. Tiene el mismo número de pies, una longitud de 36,53 m y 1,60 m de ancho. Construido sobre una plataforma pétrea para salvar el desnivel del terreno. Se dice que los párrocos de estas dos feligresías carnotanas competían por tener el hórreo de mayor dimensión. Así cuando se comenzó a construir este de Lira, en 1779, el párroco de Carnota mandó ampliar el suyo. Después, su vecino de Lira alargaría este hasta superar la longitud del de la capital municipal.